Tahitianas, barrocas y otros tipos de perlas usadas en joyería

El mercado de la perla cultivada ha sido una fuente de inspiración para los diseñadores de joyas. Los collares, anillos y pendientes de perlas siguen recibiendo una alta demanda. Del lado del consumidor, existe desconocimiento sobre las distintas clases de perlas que se utilizan en joyería.

Estas gemas orgánicas se forman naturalmente en el interior de una ostra, aunque la práctica totalidad de las perlas en circulación provienen de cultivos. Por un lado, las desarrolladas en Japón, Camboya y Vietnam reciben el nombre de Akoya y se caracterizan por la brillantez de su superficie y la simetría de su redondez. En el País del Sol Naciente se utilizaron en tiempos para premiar a los altos dignatarios.

De la Polinesia Francesa proviene la perla negra o de Tahití, cuyo cultivo se realiza a través de la ostra Pinctada margaritifera. La variedad cromática de estas gemas, disponibles en tonos blancos, grises, negros, azules y dorados, justifica su interés para el sector joyero. También presenta un abanico de formas y tamaños superior a otras perlas del mercado.

Por su parte, las perlas de los Mares del Sur son famosas por su singular brillo e iridiscencia. Probablemente, son las gemas orgánicas más caras del mercado debido a su tiempo de cultivo, de hasta nueve años. Australia, Indonesia y Filipinas son sus principales exportadores.

Originarias de China, las perlas freshwater o de agua dulce deben su nombre a los lagos y ríos en los que se cultiva durante uno a cuatro años. Poseen un tamaño muy reducido y un color blanco que, en ciertas ejemplares, tira a rosa. Se trata de una de las gemas más económicas, debido a su producción masiva.

De mayor tamaño, precio e irregularidad, la perla barroca o Scaramazza sorprende por su extravagancia de formas y tamaños, rasgo que dota de exclusividad a sus anillos, pendientes y otras creaciones joyeras.