Dejo mi coche en Gando y me llevo la tranquilidad a casa
Otro agosto más, y como cada año, toca hacer la maleta para cambiar el calor seco de Gran Canaria por la brisa atlántica de mi Vigo natal. Vivir en la isla es un privilegio, pero volar a casa para ver a la familia es una necesidad. Y con cada viaje, surge el mismo dilema: ¿qué hacer con el coche? Dejarlo en la calle durante dos semanas es impensable, y el parking oficial del aeropuerto siempre me ha parecido un lujo excesivo.
Este año, decidido a optimizar gastos, me aventuré a probar por primera vez uno de esos aparcamientos Low Cost Aeropuerto Las Palmas. He de admitir que iba con una pizca de escepticismo, alimentado por esa idea de que lo barato, a veces, sale caro. Aparqué en sus instalaciones, a apenas cinco minutos en coche de la terminal, bajo un sol de justicia.
El proceso fue de una eficiencia aplastante. Un empleado, amable y sin prisas, comprobó mi reserva online. Le di las llaves, me entregó un resguardo y, sin más dilación, me indicó que subiera a la furgoneta lanzadera que ya esperaba con el aire acondicionado puesto, algo que agradecí enormemente. Mientras nos acercábamos a la zona de Salidas, pensaba en las veces anteriores, en el estrés de encontrar sitio en el parking de AENA, en el dineral que me costaba cada día.
El ahorro económico es, sin duda, el principal atractivo. Con lo que me ahorro en estas dos semanas de aparcamiento, puedo permitirme un par de buenos homenajes gastronómicos en Galicia. Pero, sinceramente, la verdadera ganancia es intangible: es la tranquilidad. Es la certeza de que mi coche no se queda a la intemperie, sino en un recinto vigilado, cuidado hasta mi regreso. Es la comodidad de no tener que molestar a amigos o familiares para que me lleven y me recojan del aeropuerto a horas intempestivas.
Ahora, mientras espero en la puerta de embarque y veo los aviones despegar, siento que el viaje ha empezado de la mejor manera. He resuelto una de las partes más tediosas de la logística de viajar de forma económica y, sobre todo, sin estrés. Mi coche se queda de vacaciones aquí, en la isla, y yo me voy a las mías con la cabeza completamente despejada.